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La visión estratégica de la empresa: ¿sabes hacia dónde vas?

La planificación estratégica es, en esencia, un mapa que orienta el camino hacia el éxito. No solo es aplicable a las empresas, sino también a los países y a las personas. Saber con claridad hacia dónde queremos ir y definir cómo llegar es una condición indispensable para avanzar de manera ordenada y sostenible.



Un ejemplo ilustrativo se encuentra en la literatura. En Alicia en el país de las Maravillas, de Lewis Carroll, la protagonista pregunta cómo puede salir del lugar en el que se encuentra. La respuesta que recibe es tan simple como contundente: “¿A dónde quieres ir?”. La enseñanza es clara: sin un objetivo definido, cualquier camino resulta irrelevante. Lo mismo ocurre en la gestión empresarial y en la conducción de los países.


En el ámbito público, la planificación estratégica debería traducirse en planes anuales y de mediano plazo que se cumplan de manera efectiva. Sin embargo, la brecha entre lo planificado y lo ejecutado suele ser significativa. Ello abre interrogantes sobre la capacidad de gestión, el uso eficiente de los recursos y la coherencia entre el presupuesto y las prioridades reales de desarrollo.


La competitividad es otro concepto estrechamente ligado a la visión estratégica. Un país competitivo es aquel que logra destacar en el entorno global, ofreciendo productos y servicios de calidad, generando bienestar económico y fortaleciendo su tejido social. Michael Porter ya señalaba, en 1990, que la innovación y la tecnología eran pilares fundamentales para los países desarrollados, mientras que en las economías emergentes resultan igualmente claves la planificación, el liderazgo y la gestión del capital humano.


Cada país, región o empresa posee ventajas competitivas y comparativas propias. Estas se construyen a partir de factores como la innovación, la seguridad jurídica, la sostenibilidad ambiental y social, la gestión del talento y la capacidad de liderazgo. Identificarlas y potenciarlas requiere una visión estratégica clara y compartida.


En el mundo empresarial, esta lógica es aún más evidente. En un contexto de globalización y transformación digital, las organizaciones necesitan planes bien definidos para enfrentar mercados cada vez más exigentes. Valorar a las personas, desarrollar sus capacidades y alinear el talento con los objetivos estratégicos se ha convertido en un factor decisivo para la competitividad.


La planificación estratégica permite definir el rumbo, priorizar recursos y anticipar escenarios. Así como Alicia necesitaba un plan para encontrar la salida, empresas, países y personas requieren una visión clara para alcanzar sus metas. Tener un mapa, y saber leerlo, marca la diferencia entre avanzar con propósito o caminar sin dirección en un entorno de cambio constante.

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